Los solsticios y los equinoccios: cuando la Tierra respira

(Por la voz de un viejo druida que aún susurra entre los árboles…)

Escuchad, viajeros, hijas e hijos del viento.
Antes de que el hombre contara el tiempo con relojes, ya mirábamos el cielo para entender los latidos de la Tierra.
Cuatro veces al año, el Sol parece detener su marcha o equilibrar sus pasos, y con ello marca el ritmo de la vida: los solsticios y los equinoccios.

El solsticio (del latín solstitium, “sol quieto”) sobreviene dos veces al año:

  • Solsticio de verano, cuando el Sol alcanza su punto más alto en el cielo y el día es el más largo del año.
  • Solsticio de invierno, cuando su viaje es más breve y la noche abraza la Tierra durante más tiempo.

Los equinoccios (de aequus nox, “noche igual”) llegan también dos veces:

  • Equinoccio de primavera, cuando la luz vuelve a equilibrarse con la oscuridad.
  • Equinoccio de otoño, cuando las sombras empiezan a alargarse de nuevo.

En esos momentos, la Tierra respira.  Inhala y exhala.
El Sol se inclina, y nosotros con él, recordando que la vida es un ciclo eterno de expansión y recogimiento.

Para mis antiguos hermanos druidas, estos días eran sagrados. Marcaban el cambio de estaciones, las cosechas y los ritos de paso de la comunidad.


En nuestra península, tuvimos construcciones como el Dolmen de Guadalperal (Cáceres), el de Axeitos (A Coruña) y muchas otras hoy casi olvidadas dedicadas a marcar estos eventos anuales.

En los montes de Irlanda y Britania, los pueblos celtas levantaron piedras que aún hoy señalan la salida del sol en el solsticio, como en Stonehenge o Newgrange, construidos miles de años antes de los relojes y aún alineados con el amanecer y el ocaso exactos.

Dolmen megalítico de Axeitos, Ribeira, Barbanza Peninsula, La Coruña, Galicia
  • En el solsticio de verano, celebraban Litha, una fiesta de fuego, danza y ofrendas a la fertilidad. Se encendían hogueras en las colinas, símbolo del poder solar y la plenitud de la vida.
  • En el solsticio de invierno, llegaba Yule, el renacimiento del Sol. Las gentes decoraban sus casas con ramas de pino y muérdago —símbolos de vida eterna— y encendían velas para ayudar al Sol a regresar.
  • Los equinoccios, llamados Alban Eilir (primavera) y Alban Elfed (otoño), celebraban la armonía entre la luz y la oscuridad. Eran tiempos para agradecer las cosechas o preparar el alma para el descanso del invierno.

Y aunque los siglos pasaron y las religiones cambiaron, muchos de esos rituales viven aún entre nosotros: las hogueras de San Juan, el árbol de Navidad, las coronas de flores, las velas del solsticio…Todo eso viene de antiguas manos que honraban al Sol, al agua y a la Tierra.

Mientras, al otro lado del mundo, los sabios de Oriente también seguían la danza solar.
En China, los solsticios y equinoccios eran puntos clave en el calendario del yin y el yang, las dos fuerzas complementarias del universo.

  • En el solsticio de verano, el yang (energía activa y luminosa) alcanzaba su plenitud antes de empezar a descender.
  • En el solsticio de invierno, el yin (energía receptiva y profunda) tocaba su punto máximo, abriendo paso al renacer de la luz.

Los emperadores realizaban ceremonias en templos como el del Cielo en Beijing, para mantener la armonía entre la Tierra, el Cielo y los Hombres (el pueblo).

Así, tanto en Oriente como en Occidente, los sabios observaban lo mismo:


El equilibrio entre luz y sombra no solo rige el cielo, sino también el alma.

Hoy ya no somos tribus en los bosques, pero muchas almas siguen sintiendo el llamado de esos días.
Encendemos una vela en el solsticio de invierno, hacemos baños de flores en el de verano, purificamos nuestras casas, damos gracias o meditamos bajo el sol naciente.

Son maneras modernas de mantener viva la antigua sabiduría: alinearnos con los ritmos naturales para vivir en equilibrio.

Así que, cuando llegue el próximo solsticio o equinoccio, sal un momento y siente el aire.
Cierra los ojos.

 Recuerda que tú también eres parte de ese ciclo eterno.


Y escucha, porque quizá oigas el eco de mi voz, entre el viento y las hojas, susurrándote:

      “Todo está en equilibrio. Solo tienes que respirar con la Tierra.”

Espero que el druida haya despejado tus preguntas de los ciclos del sol. ¿Tú, cómo lo vives? ¿Tienes algún ritual personal para celebrar los cambios de estación?
¡Cuéntamelo en los comentarios, y celebremos juntos!.

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